lunes, 8 de mayo de 2017

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Análisis "La República de Platon" Libro I, II y VII


Libro I: Análisis de la justicia para Céfalo, Polemarco y Trasímaco

Sócrates, regresando del Pireo se halla con Polemarco, quien lo instiga a ir a su casa. Una vez en casa de Polemarco, Sócrates se encuentra con Céfalo, padre de Polemarco, al cual lo ve muy viejo. El filósofo hijo de Sofronisco, curioso al respecto de la vejez, le pregunta por ella y Céfalo la elogia señalando que ésta a amortiguado la intensidad de algunas pasiones y que la misma vejez es un estado de reposo y de libertad de los sentidos. Muchos no toleran la vejez, dice Céfalo, pero tolerarla depende del carácter, no de la edad. Sócrates insinúa que las riquezas de Céfalo influyen para que él goce tranquilamente de la vejez, pero el viejo sofista aclara que la posesión de riquezas ayuda a no engañar involuntariamente ni a mentir, pudiendo así pagar todas las deudas a los dioses y a los hombres para salir libres y justos del mundo terrenal.
Es en este momento donde empieza el problema de la justicia, si acaso o, posiblemente, no.
Sócrates analizaría la idea de Céfalo acerca de la justicia y diría que, si la justicia consistiese en decir la verdad y dar a cada uno lo que le corresponde, ¿sería justo devolverle las armas, que me confió un amigo en su sano juicio, habiendo éste enloquecido? Sócrates diría que toda persona racional convendría en que devolverle las armas a este loco amigo sería injusto, y mucho más decirle a éste la verdad.
Una vez refutada la idea de que la justicia , Céfalo se dirige al patio para continuar con su sacrificio e interviene en el diálogo su hijo Polemarco. El joven, interesado en el diálogo, introduce la idea de un poeta (Simónides) sobre la justicia; , pero Sócrates le explicaría que muchos de los que creemos amigos no lo son, ya que es visto que el enemigo engañe a una persona haciéndose pasar como amigo. También, agregaría Sócrates, si la justicia fuese hacerle bien a los amigos y mal a los enemigos ésta sólo serviría en épocas de guerras y no en épocas de paz, a su vez, expone el filósofo, la justicia es una perfección humana que no puede, mediante su acción, convertir a los hombres en injustos, porque si una persona hace "justicia" y crea mal a un enemigo, nos exponemos a volverlo injusto; de modo que la justicia daría origen a la injusticia.
En conclusión, el hombre justo no puede hacer mal a otro.
Dada por acabada la ilustración de Sócrates. Trasímaco, que ambicionó intervenir constantemente en la charla pero fue detenido por los que querían escuchar hasta el final el diálogo, explotó en ira contra Sócrates acusándolo de escapar de una manera pueril a las preguntas que le hacían los presentes y Sócrates de una manera más calma lo invitó a participar de la conversación.
Trasímaco alega que la justicia es , Sócrates concordaría en que la justicia es algo conveniente, pero no para el más fuerte. El vanidoso sofista agregaría que al hombre justo le va peor en todo lugar y circunstancias y, en cambio, el hombre injusto saca provecho desde cuando se trata de recibir repartos públicos, hasta de no pagar lo debido en las contribuciones al Estado. Trasímaco indicaría que los que reprochan la injusticia no lo hacen por miedo de cometerla, sino por temor a sufrirla. Es de este modo asimilable que para él, la justicia no se practica en beneficio de los demás, sino de uno mismo. Sócrates contesta que un médico no realiza su técnica de curar a otros porque de ella reciba placer, sino porque de esa técnica obtiene un salario y lo mismo sucede con la justicia, el objetivo de ésta es evitar ser gobernados por gente inferior.
"Los buenos no apetecen el gobierno por las riquezas ni por la honra, porque no son ambiciosos. Ahora bien, el mejor castigo para un hombre que no se decide gobernar, es de ser gobernado por otro inferior que él, y el temor a ese castigo determina a los hombres de bien a intervenir en los asuntos públicos, y se mezclan a ellos, no por interés personal, ni por placer, sino por necesidad".
Sócrates partiendo de la hipótesis de que la injusticia es más poderosa y fuerte que la justicia, argumenta que la injusticia misma, practicada en sociedad, no puede prosperar sin cierto resto de justicia como en el caso de una banda de piratas que se propone como objetivo un fin injusto, llevarlo a cabo dependería de que dentro de esa asociación halla justicia, de lo contrario habría discordia, desorganización y llevaría al grupo a dividirse entre sí. Sócrates ultimaría este razonamiento aclarando que los justos se rebelan sabios y mejores aptos de obrar que los injustos, que son incapaces de toda acción en común y, añadiría que la justicia es sabiduría y virtud, en cambio, la injusticia es un vicio que implica ignorancia. Al final de la disputa Sócrates, como acostumbraba humildemente, sellaría que sólo ha llegado a la conclusión; de que nada sabe

Libros II: introducción a la justicia, censura de los poemas inapropiados y posibilidad de la guerra con fines necesarios

Parecía saldada la discusión de lo que no era la justicia, pero Glaucón no aprobaría la retirada de Trasímaco, y narraría la leyenda del anillo de Giges.[7] Al término de ésta, Glaucón hace una observación desarrollando así la tesis de Trasímaco, que más tarde Adimanto trataría de confirmarla. El joven Glaucón indicaría que según la experiencia general, la justicia y la injusticia sólo deberían valorarse de acuerdo con los resultados favorables o desfavorables que proporcionan. Esto confirmaría lo que desde tiempos pasados Homero y Hesíodo[8]han escrito; que el injusto logra hacer olvidar sus crímenes mediante esplendidos sacrificios y oraciones que pueden comprar el perdón y el olvido. Y que la vida del justo es, efectivamente honorable, pero casi siempre va acompañada de sufrimientos; mientras que el vicio, a pesar de ser deshonroso, es agradable. El joven inteligente llegaría a la conclusión de que su felicidad radica en practicar la injusticia y eludir sus posibles consecuencias desagradables, utilizando la astucia o buscando una adecuada asociación que lo proteja.
Sócrates reacciona ante ello afirmando que demostrará que el hombre justo es feliz, pero su análisis arrancará desde lo general para desembocar en lo particular, dando ingreso a lo que llamaríamos "El Estado ideal Platónico".
Sócrates nos presentaría un gobierno que sea por sí mismo la encarnación de lo justo, una organización social que se basa en el principio de especialización por medio de una educación apropiada (en la música y la gimnasia) y por medio de una división del trabajo acorde a la aptitud que tiene cada individuo (en donde nadie debe hacer varias cosas a la vez).
A medida que la ciudad se hace cada vez más grande, surge la necesidad de la guerra, la cual Platón no la condena, pero no sólo no la condena, sino insiste en un cuerpo armado de especializados soldados a los que los llama guardianes. Platón en boca de Sócrates, aclararía que para comenzar a educar a estos soldados es necesario suprimir los poemas que versen acerca de lo "mala" que es la muerte y de lo "humano"[10] que parecen ser los dioses, los cuales, dice Sócrates, son el bien que nunca engaña y nunca cambia. Sócrates indicaría que los jóvenes tienen mentes frágiles y que no distinguen lo alegórico de lo verdadero, por lo tanto lo único que hacen estos poetas es corromper sus almas mostrando a los dioses peleando o haciendo cosas que sólo un humano haría y haciendo que los jóvenes le tengan más miedo a la muerte que a la esclavitud.

Libro VII: el "mito de la caverna", ciencias para llegar al uso de la dialéctica y poder servirse del mundo inteligible y cronología del plan de estudios

Para dar un tinte explicativo al mundo sensible, el mundo inteligible y como es que, por medio de la dialéctica, los filósofos han llegado a la idea del bien, la verdad, lo justo, etc., en este libro Sócrates ilustra a sus oyentes sobre un mito, el mito de la caverna.
El mito de la caverna versa sobre unos hombres que desde que nacen viven en una caverna, atados en sus cabezas mirando a una pared, detrás de ellos hay luz que proyecta objetos, generando de este modo sombras en la pared donde los presos tienen fija la mirada. Este mito propone resaltar que cuando uno de ellos salga de la posición en que está y se de cuenta de las cosas que de verdad son y de las cosas que aparentan ser, habrá visto el mundo inteligible; que es eterno y en donde residen las cosas perfectas e inmutables, y los hombres que todavía permanecen atados en la caverna, regocijándose algunos de su sabiduría, no harían más que ver sombras, imágenes superficiales, cambiantes e imperfectas que no darían resultados verdaderos, sino opiniones.
Con este mito, Sócrates, da a entender que en la ciudad ideal no deben gobernar los que ven los objetos sensibles, sino los filósofos que han podido ver la verdad, el verdadero sol. Los filósofos que hayan percibido la verdad, tienen que descender a la caverna en el mundo sensible por amor a la comunidad y participar con sus ciudadanos.
Gracias al amor que tiene el filósofo a la comunidad es que desciende de ese mundo perfecto para ayudar a sus ciudadanos, por ello no se entiende que un verdadero filósofo aspire al mando con vistas al provecho, si éste ha renunciado a un lugar mejor para poder ayudar a los que están ciegos por la oscuridad.
Las ciencias que los hombres utilizarán para poder reflexionar y desarrollar la facultad de concebir abstracciones para la captura del bien, son: la aritmética y las relacionadas con la aritmética; la geometría y la astronomía. Estas tres ciencias no sólo hacen posible una intensa reflexión, sino también desarrollan las capacidades de los que las ejercitan llevándolos gradualmente al mundo de las abstracciones (el mundo inteligible). Estos estudios son preparatorios hasta llegar a la dialéctica, que corona la educación propia del filósofo. La dialéctica es la que proporciona una visión de todo saber y la que captura las ideas perfectas del mundo supraceleste, la dialéctica es la ciencia que busca la verdad por sí misma, la esencia de las cosas. El filósofo tiene que ser capaz de escapar de las hipótesis del mundo sensible y capturar las verdaderas ideas de la razón: la justicia, la moral, etc. y la más elevada de todas, el bien. Pero para que la filosofía no sea subestimada y difamada tiene que ser enseñada a los más capaces.
En la niñez, por medio de juegos se irá viendo quienes son los infantes más capaces. Durante los años consagrados a la gimnasia, se procederá a incrementar la dificultad de los estudios. A los 20 años se llevará a cabo una selección de los mejores discípulos. Concluyentemente a los 30 años se hará una selección definitiva en donde surgirán los que se consagrarán por 5 años a la dialéctica. Siguiendo este proceso selectivo, no se correrá peligro de perturbar la moral y la religión de los jóvenes procesados. A los 35 años, los que hayan completado dichosamente sus estudios "descenderán a la caverna" y por 15 años se consagraran a las tareas de paz y guerra del Estado. Los que salgan vivos de estas delicadas tareas, a los 50 años, serán los verdaderos gobernantes, dedicándose a la filosofía y participando de las actividades del Estado. Una vez muerto el gobernante, se le rendirá tributo y homenaje para incentivar a nuevos ciudadanos del Estado.

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